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Tomado de: http://www.cambio.com.co/html/portada/articulos/177/

Las armas de Chávez

     

Cada vez se acumulan más evidencias y testimonios de que militares venezolanos les han vendido y hasta regalado armas a las Farc. Investigación de CAMBIO.



 

La idea de los hombres de Julio Monstruo, segundo jefe del frente décimo de las Farc, era convertir aquel avión recién traído de Venezuela en un bombardero con el que esperaban atacar, el domingo 14 de abril, el cuartel de la Brigada XVIII del Ejército en Arauca. Le habían desprendido la puerta trasera derecha para habilitar en su espacio una plataforma desde la que arrojarían cuatro pipetas de gas con racimos de explosivos. La nave, cuya matrícula YV-915 sería cambiada por otra de una empresa de aviación regional, era preparada en la pista La Equis, junto al caño Los Araguatos, a menos de 10 kilómetros de la línea fronteriza. Allí los guerrilleros improvisaron un campo de entrenamiento y simularon blancos del mismo tamaño de los tanques de almacenamiento de combustible de la unidad militar que serían el principal objetivo del bombardeo para sublimar con su explosión el efecto de los daños.

El Técnico, responsable de actividades logísticas y hombre de confianza del frente, observaba inquieto los entrenamientos. Estaba enterado de que el avión había sido comprado por un tal Germán Ataya en 280 millones de pesos, que su piloto sería alguien a quien él conocía como Caballo o Relincho (el mismo que secuestró el año pasado un avión comercial venezolano cerca de San Cristóbal) y que como copiloto iría un venezolano experimentado en el manejo del equipo. Pero hasta aquel momento no sabía con certeza qué era lo que se proponía Monstruo. Dídier y Yesid Ríos, hombres con acceso a éste y Grannobles, hermano del Mono Jojoy, le habían dicho que vendría algo grande. "Ahora sí van a saber quién es quién", le anunciaron antes de retirar a su familia del casco urbano de Arauca. Este último hecho lo llevó a creer que la ciudad sería tomada. Pero cuando conoció en detalle el plan supo que tenía que salir de allí para impedirlo.

Los rebeldes acusan a Chávez no sólo de conculcar el régimen de libertades democráticas, sino de haber dado apoyo y armas a las Farc.

Como sabía que las comisiones al campamento donde se preparaba el atentado no podían ser interrumpidas sino por alguna causa de fuerza mayor, el Técnico varó los dos vehículos disponibles y pidió a su jefe que le dejara ir a Arauca a conseguir los repuestos. Allí buscó a un mayor amigo suyo y éste lo llevó al despacho del general Carlos Lemus Pedraza a quien le entregó las coordenadas de la pista y le reveló los alcances del plan, sin omitir detalles. Menos de 24 horas después destacamentos de la brigada se tomaron el campamento de Julio Monstruo y aviones de la Fuerza Aérea borraron del mapa la pista La Equis e inmovilizaron el avión venezolano.

Aquello no fue algo fortuito. El Técnico ya había demostrado su confiabilidad como colaborador secreto del Ejército y de la administración de justicia durante los últimos tres años cuando ayudó con información clave para la captura y posterior extradición de Fernando Beira-Mar, Fernandinho, el capo brasilero que negociaba con las Farc cocaína a granel, y cuando acompañó a Bogotá a agentes de inteligencia militar que, de su mano, fotografiaron, hicieron videos y entregaron a la Fiscalía pruebas documentales sobre una organización que blanquea para inversión dólares que la guerrilla obtiene por el tráfico internacional de estupefacientes. Por él se sabe también que los enlaces brasileños de las Farc enviaron a un sustituto de Fernandinho para que coordine los vuelos y embarques a ultramar. La existencia de Leo o Bracho -éste es el sucesor de Fernandino- no se conoce sólo por sus versiones de oídas sino por su información certera que produjo la caída de más de 6.000 kilos entre marzo y julio.

Hoy este hombre, de 33 años de edad y 10 de militancia en las Farc, se ha convertido en testigo principal en las investigaciones que desarrolla un equipo de fiscales sobre un tema no menos sensible: las remesas de armas y pertrechos desde Venezuela para la guerrilla. Su testimonio, conocido íntegramente por CAMBIO, cobra una singular importancia en momentos en que un grupo de militares del país vecino abrió una "trinchera pacífica" -así la llaman ellos- en el parque Altamira de Caracas para promover la renuncia del presidente Hugo Chávez. Los rebeldes, que prefieren ser llamados opositores a secas, acusan a Chávez no sólo de conculcar el régimen de libertades democráticas en su país y de convertirse en regente de un orden totalitario, sino también de haber dado apoyo y armas a las Farc. El coronel Pedro Soto, uno de los promotores de la revuelta que en abril propició una caída transitoria de Chávez, dice además que al lado de los pertrechos ha ido también dinero. El mayor Juan José Díaz Castillo, hasta septiembre pasado piloto del mandatario venezolano, asegura que aviones oficiales de su país han sido usados en misiones clandestinas de ese orden (ver entrevista).

El coronel foráneo

Aunque las acusaciones genéricas sobre el tema ya trascendieron las fronteras de los dos países, el testigo colombiano protagonista de esta historia es la primera persona que aporta elementos concretos en un expediente judicial. Lo ha venido haciendo, de manera sigilosa, desde mayo pasado y lo ha seguido haciendo después de superar, como lo ha hecho en el pasado, rigurosas pruebas de confiabilidad evaluadas por sus resultados. Hasta ahora el Técnico ha identificado, con ubicación exacta, cinco pistas y aeropuertos clandestinos a través de los cuales se ha movido el tráfico de armas con el concurso de militares venezolanos. La primera historia fue narrada, bajo juramento, el 3 de mayo ante el equipo de fiscales que se reunieron con él en Arauca y que desde entonces ha edificado un expediente que ya supera los 10.000 folios.

Según el testigo, oficiales venezolanos han entrado a Colombia para negociar con las Farc el envío de aviones cargados de armas para la guerrilla.

Esa historia se remonta al 20 de junio del año pasado cuando Dídier Ríos, uno de los primeros contactos del testigo para ingresar a las Farc y cuyo padre era dueño de los primeros laboratorios de refinación de cocaína en Arauca, le pidió que lo acompañara a una misión delicada que le había encomendado Grannobles. Se trataba de recibir en la finca La Unión, en la frontera, a cinco militares venezolanos, dos de ellos coroneles, que llegaban desde una base en San Fernando de Apure. Sus acompañantes se presentaron como miembros del DIN o Departamento de Inteligencia Nacional de Venezuela.


 

Uno de los coroneles, que pidió ser llamado por el nombre de Mario, dijo que llegaba en representación de su gobierno para definir las condiciones de un trato con el frente 10 de las Farc y pidió un reporte sobre la presencia de Ejército o paramilitares en el área. Cuando sus interlocutores les dijeron que la zona estaba "limpia", los recién llegados aceptaron ir hasta Panamá de Arauca donde deberían reunirse con Rafael, en ese momento jefe del frente. El encuentro se produjo en la finca Las Gaviotas, de propiedad de Aydé de Ríos, esposa de Dídier. Luego fueron juntos a Pueblo Nuevo. Aunque la reunión fue privada, Dídier le participó al Técnico que acaba de ser cerrado un negocio clave de armas y que pronto llegarían las primeras remesas.

 

"A los dos días -relata el testigo- tuve que venir de las pistas acá a Arauca capital y por casualidad vi al coronel Mario y a uno de sus escoltas en compañía de Yesid Ríos. Estaban sentados en un establecimiento que se llama La Rasca en la zona rosa de esta ciudad". A juzgar por su testimonio, el encuentro no sólo desembocó en celebraciones porque de ahí en adelante una de las tareas más importantes del frente fue asegurar las pistas para el ingreso de las armas. Uno de los episodios más representativos se dio en octubre del año pasado, cuando aterrizó en una pista conocida como Tranquilandia una avioneta ve- nezolana que llevaba muestras de ametralladoras MP5, cartuchos para fusiles R-15 y AK-47 y granos del explosivo C-4. Las cartas de presentación las llevaba Miguel Moncada, emisario del enigmático coronel Mario. Moncada resultaría ser el dueño de la avioneta que el 31 de enero pasado fue derribada por la Fuerza Aérea Colombiana cuando entraba a espacio aéreo araucano con 15.000 cartuchos para las Farc.

La pista de Tranquilandia, situada en las coordenadas 06° 93' 06,7" de latitud norte y 69° 34' 06,3" de longitud oeste, tenía en ese momento 2.100 metros de extensión y llegó a recibir hasta seis vuelos diarios. "En cada vuelo -dice el Técnico-, traían hasta 14 cajas con 1.000 cartuchos cada una. Como en tres de esos vuelos venía como piloto don Julio, el piloto venezolano que cayó en la avioneta que tumbaron acá en Arauca con la munición (...), pero en unas ocasiones vino una avioneta que es de propiedad del señor Abel González". Al margen de la declaraciones del testigo, las autoridades han establecido que, por coincidencia, Miguel Moncada y Abel González son promotores de los círculos bolivarianos en localidades venezolanas fronterizas. González es colombiano, pero según las fuentes de información, el presidente Chávez no ha impuesto restricciones para extranjeros que quieran hacer parte de esas llamadas "unidades de apoyo popular".

Puerta franca



 

Gracias también al testigo ha sido posible reconstruir numerosas trazas de vuelos clandestinos originados en Venezuela y hallar el sentido de comunicaciones radiotelefónicas interceptadas allí. Así se ha comprobado que Dídier Ríos, el primer contacto con los militares venezolanos, ha coordinado también las comunicaciones relativas al trasiego de las armas en frecuencias en las que se identifica "R' 7", "el Señor" o "Conejo macho". Hay coincidencias con algunas de las frecuencias que operan las unidades militares venezolanas del otro lado de la frontera.

Fue confirmada además la existencia de otra pista llamada Canoas, también con coordenadas exactas, donde se mezcla el tráfico de armas con el de cocaína. En su más reciente ampliación de declaración ante un fiscal especializado el Técnico resumió la historia del lugar. "Allí -dijo- han ocurrido varios eventos: en dos ocasiones la guerrilla llevó dos aviones secuestrados en Venezuela. El Ejército alcanzó a detectar uno de esos aviones y lo rescató. La Policía Antinarcóticos también ha estado allí y le hizo dos huecos en una de las cabeceras, pero esto no ha afectado el aterrizaje y despegue de las avionetas. De esta pista se recogen las armas y toda la munición que ha entrado a Colombia por parte de esta organización y la llevan hasta donde determine el secretariado de las Farc".

El testigo ha revelado el lugar donde se ocultan armas y las autoridades colombianas han llegado hasta allá y han comprobado la veracidad de los datos.

En medio de las rutas para el tráfico de arsenales está dispuesto estratégicamente, en suelo venezolano, un aeropuerto clandestino conocido como El Mono. Está situado exactamente en estas coordenadas: 06° 38' 05,3" latitud norte y 69° 37' 48,4" latitud oeste. Suele ser utilizado como alternativa de escape para aquellos aviones que son interceptados por la FAC al pasar la línea divisoria. Incluso cuando las naves están plenamente identificadas son destruidas allí. Según el testigo colombiano, la propia Guardia Venezolana se encarga de prenderles fuego.

Aunque gran parte de los embarques de armas y municiones son pagados con plata producto del narcotráfico, de acuerdo con las decla- raciones del testigo, algunos de ellos se hacen sin pago alguno. Estos últimos harían parte de la categoría de la ayuda dispensada por autoridades del país vecino a la guerrilla. De todas maneras el espectro del narcotráfico es un tercero presente en esa relación militares-Farc. De hecho, a raíz del crecimiento de los controles en Colombia los vuelos de narcotraficantes de la región parten de pistas clandestinas y se internan en territorio venezolano sin problemas conocidos. Hay ejemplos. La Fiscalía colombiana dispone de información en el sentido de que un hombre conocido como Mani o Manicomio, ex socio de Dídier Ríos, opera por allí una flotilla de naves cargadas con coca y encabezada por las avionetas de matrículas YV1922P, YV2643P y YV1034, todas, por supuesto, con registro venezolano.

La corroboración del testimonio ha conducido también al hallazgo de armerías y centros de abastecimiento militar de la guerrilla en la zona de Lejanías del Juriepe, área rural de Cravo Norte y próxima al río Cinaruco. Recientemente, por efecto de una ofensiva del Ejército, las Farc dejaron allí rezagado material bélico en el que aparecieron armas con series de la industria militar venezolana correspondientes al 2001. Todo parece indicar que hicieron parte de los lotes enviados después de la visita de los cinco militares venezolanos, narrada por el testigo.

Las pesquisas sobre el origen del armamento plantean otros hallazgos interesantes. Venezuela sigue produciendo material bélico de modelo belga, con base en el know how que acumuló cuando el país europeo era proveedor oficial de los fusiles para sus tropas regulares (ver historia "problemas de armas tomar"). Qué tanto se ha producido allí para la guerrilla colombiana, es una de las grandes preguntas.

Las anteriores revelaciones aparecen en un momento especialmente delicado para el Gobierno del coronel Hugo Chávez. Cientos de miles de venezolanos han salido a las calles en las últimas semanas para pedir su renuncia. La única razón por la cual estas movilizaciones -que reúnen a partidos políticos, gremios de la producción privada y sindicatos, además de amplios sectores de la sociedad civil- no lo han tumbado es la legitimidad democrática de su mandato, es decir, el hecho de que se trata de un Gobierno elegido por voto popular. Tanto los vecinos como el Gobierno de Estados Unidos han dejado en claro a los opositores de Chávez que si lo van a tumbar, tienen que hacerlo por medios constitucionales como el referendo revocatorio. La propia OEA, en cabeza de su secretario César Gaviria, le ha hecho saber a los oficiales rebeldes que no pueden seguir en la milicia al mismo tiempo que lanzan arengas políticas en la Plaza de Altamira.

Hasta ahí, Chávez tiene la garantía de que ninguna intentona opositora que interrumpa el hilo constitucional tendrá el apoyo del continente. Pero si las pruebas de que su régimen apoya a la guerrilla colombiana se siguen acumulando, si siguen surgiendo testimonios como los anteriores, otro gallo puede cantar, y los mismos que hoy defienden su legitimidad institucional, van a empezar a cuestionarla.

De armas tomar

Venezuela viola un convenio con Bélgica de no reexportar armas producidas en Venezuela con tecnología y licencia belgas.

Desde 1953, la industria belga de armamento empezó a vender armas, como el rifle FAL, a América Latina y expidió licencias para que las produjeran algunos países, entre ellos Venezuela, bajo condiciones que hoy poco o nada se respetan. En 1975 la Fabrique Nationale firmó un contrato con ese país para montar una planta de producción de armas y municiones, y el 29 de abril de ese mismo año se creó la Compañía Anónima Venezolana de Industrias Militares (CAVIM), que habría de tener dos centros de ensamblaje: uno en el estado de Córdoba, para la producción de químicos, y otro en Maracay, estado de Aragua, para producir armas y munición.

Aunque la mayoría de los cargamentos de Venezuela son pagados con cocaína o dinero, hay otros gratuitos que harían parte de un apoyo a las Farc.

En 1998, según datos oficiales, Venezuela produjo 50 millones de cartuchos 7,62 mm, 20 millones de 9 mm y 12 millones calibre 38. Sin embargo, ese año el ejército decidió cambiar la dotación de los fusiles FAL 7,62 por rifles 5,56mm, de mayor precisión, razón por la cual invitó a 17 países fabricantes de armas para presentar propuestas que incluyeran transferencia de tecnología e inversión para financiar el proyecto. El arsenal de viejos FAL quedó bajo vigilancia, pero ésta ha sido tan precaria que muchas de esas armas fueron a parar a manos de los grupos armados colombianos.

En 1999, el director de CAVIM, Romel Fuenmayor, anunció que Venezuela estaba negociando alianzas estratégicas con compañías extranjeras para adquirir tecnología de punta con el propósito de convertirse en el "productor de armas líder en América Latina". La industria belga le concedió entonces a Venezuela tres nuevas licencias por un valor aproximado de 10 millones de euros. Pero la decisión iba en contravía de una ley belga de 1991 sobre exportación de armas y del código de conducta de la Unión Europea que entonces establecía que no se podía vender armas ni otorgar licencias a países en conflicto o con problemas de derechos humanos. "Si la ley hubiera sido considerada seriamente Venezuela no habría adquirido esas licencias, teniendo en cuenta la proximidad del conflicto colombiano y las propias violaciones del ejército venezolano a los derechos humanos", asegura An Vranckx, investigadora del International Peace Iinformation Service en Bélgica.

En abril de 2000, bajo la administración de Hugo Chávez, CAVIM y la Fabrique Nationale anunciaron la modernización de la planta de Maracay, y CAVIM recibió tecnología para producir munición 5,56mm. Como la producción superaba las necesidades domésticas, Venezuela anunció que exportaría a Centro y Sur América. "Si eso es así, de nuevo fueron violadas las normas según las cuales ninguna arma producida con tecnología belga puede ser reexportada", afirma Vranckx, quien le aseguró a CAMBIO que alertó a su Gobierno sobre la intención de Venezuela de reexportar armas. Según la Fabrique Nationale ya no hay acuerdo vigente con Venezuela y lo grave es que CAVIM puede seguir produciendo munición en la planta que los belgas contribuyeron a montar y con moderna tecnología.

 

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